“No hagas nada y nada pasará. La vida se trata de las decisiones. O las tomas o alguien las tomará por ti, pero no las puedes evitar”

Mhairi McFarlane

Cuenta el cuento que hace mucho tiempo un abuelo y su nieto estaban de viaje y llevaban consigo un burro para hacer el viaje más fácil.

El primer día de viaje llegaron a un pueblo, en ese momento el abuelo iba sentado sobre el burro y el nieto iba caminando al lado. Al pasar por la calle principal del pueblo algunas personas se enfadaron mucho cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando, y decían:

  • ¡Parece mentira! que viejo tan egoísta, va montado en el burro y el pobre niño a pie.

Al salir del pueblo, el abuelo se bajó del burro, llegaron a otro pueblo, como iban caminando los dos al lado del burro, un grupo de muchachos se burló de ellos, diciéndoles:

  • Pareja de bobos para que tenéis un burro si vais los dos andando…

Salieron entonces del pueblo y el anciano subió al pequeño en el burro y siguieron andando. Al llegar a otra aldea, la gente se echaba las manos a la cabeza:

  • Que poca educación, ahí va el abuelo andando mientras el pequeño va tan cómodamente sentado con la agilidad que tiene que tener…

Así que al salir de la aldea se subió también el abuelo al burro, por suerte pasaron junto a unos campesinos que los tacharon de sinvergüenzas y de poco corazón:

  • ¡Vais a reventar al pobre animal!

Así que el abuelo y el nieto cogieron al pobre burrito y como pudieron lo llevaron a cuestas hasta el pueblo próximo, que nada más verlos se echaron las manos a la cabeza y les gritaban de todo:

  • Que gente tan rara y tan tonta viene de otras tierras se decían entre ellos. Tienen un burro y en lugar de montarse lo llevan a cuestas…

El cuento del abuelo, el nieto y el burro es un ejemplo muy claro de cuanto dejamos al arbitrio de los demás las decisiones personales, durante la enfermedad renal hay muchos momentos donde hace falta tomar decisiones, sobre el tratamiento, sobre a medicación, sobre la alimentación, cambios en el estilo de vida y un sinfín más de pequeñas y grandes decisiones, a veces la incertidumbre, las dudas, nos llevan a tomar esa decisiones en base a los consejos de los demás, que no están en nuestra situación, y aunque tengan muy buena voluntad, no por eso son las mejores alternativas.

No estoy diciendo que no hay que valorar la opinión y consejos de otros, especialmente si son de profesionales que velan por nuestra salud y bienestar, pero sí que hay que pasarlos por el filtro de nuestra propia conciencia y saber que haga lo que haga, siempre encontraremos alguien que no lo considerará suficiente, o demasiado o mejor o peor hecho.

Atender a las recomendaciones es importante, pero hay que asumirlas y hacerlas propias. A partir de nuestras circunstancias, valores y posibilidades tomar decisiones y evitar las dudas que nos pueden rondar cada vez que los demás ponen en duda nuestras elecciones.

¿Y si pasado un tiempo descubro que puedo hacerlo de otra manera mejor o distinta, o simplemente quiero cambiar? No pasa, tienes todo el derecho, con el tiempo podemos cambiar de opinión, porque tenemos nueva información, porque nuestras circunstancias cambian, o por la razón que sea. Siempre que lo hagamos tras una serena reflexión personal tratando de valorar todos los aspectos que afectan a esa decisión, es cuando se dan las condiciones para tomar una decisión libre, y no condicionada por la opinión de los demás, pues para bien o para mal, las consecuencias de nuestras decisiones médicas, repercuten principalmente en nuestra salud.