“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo” – Aristóteles.

Esta semana queremos profundizar en esos trucos que os compartimos la semana pasada, hemos querido incluir algunos ejemplos para poder llevarlos a la práctica de la mejor manera posible.

Es importante recordar que estas son pautas generales, no son “excusas” para acusar a los demás de que nos hablan mal. No siempre nos van a salir bien, ni nuestro interlocutor va a reaccionar como nos gustaría, pero cuanto más los practiquemos, más veces tendremos una experiencia positiva en nuestra conversación.

A.- Normas para el que habla:

1.- Utilizar la primera persona al expresar una opinión: A veces cuando queremos comunicar algo, lo hacemos como una sentencia. Si digo: “tu idea es mala”, estoy siendo agresivo y la persona que me escucha se va a defender, pero si lo sustituyo por “a mí no me gusta esa idea”, estoy expresando mi opinión, pero la idea de la otra persona no la anulo, puede ser buena, pero para mí no, no invalido al otro y facilito la comunicación.

2.- Dar ejemplos concretos de lo que se afirma: evitar el “todo”, “nada”, “nunca” o “siempre”: Las anteriores palabras son absolutos, conceptos que están más allá de lo cotidiano. Para que “todo” este desordenado en una casa, frase que seguro que hemos dicho alguna vez, ningún cajón de ninguna habitación tendría que tener nada, y eso no es así. Al usar absolutos, hacemos más grande nuestra crítica y la exageramos, dificultando la comunicación. En vez de decir “todo es desordenado” podemos decir “la mesita de noche esta desordenada”, es mucho más fácil ordenar una mesita, que ordenarlo todo.

3.- Quedarse en el “aquí y ahora”: Cuantas veces empezamos una discusión y aprovechamos para recordar aquel día de hace meses o años en que la persona con la que estoy discutiendo me la jugó, o se portó mal conmigo. Si empezamos a traer viejas rencillas, ya no estamos discutiendo por lo que acaba de pasar, estamos sacando trapos viejos, y eso nunca ayuda a calmar el ambiente ni a encontrar soluciones. Céntrate en lo que quieres hablar sin mezclarlo con otros temas y si la otra persona empieza a sacar otros temas, invítala a quedarse con el tema presente, para poder encontrar una solución.

4.- Formular peticiones en forma directa, explicando el “cuándo y cómo” se desea algo: Muchas veces en nuestra cabeza tenemos claro lo que queremos, con todo lujo de detalles, pero al expresarlo lo hacemos de forma mucho más resumida y nos sorprende y a veces enfada que la otra persona no nos entienda. Si digo, “recoge la mesa” pero en realidad estoy pensando que, ya que la recoge, seguro que friega los platos y deja la cocina recogida, es muy posible que la otra persona simplemente recoja la mesa, y aun se sorprenderá cuando le digas que no lo ha hecho bien y que le falta fregar y recoger la cocina, para ella, ha cumplido lo que se le pedía. Ser más claro y dar detalles ayudará a que no haya malos entendidos.

B.- Normas para el que escucha:

1.- Dar señales no-verbales de atención, comentarios o gestos de asentimiento: Comunicamos más con nuestros gestos que con nuestras palabras, si cuando nos hablan, estamos mirando el móvil o la tele, transmitimos poco interés y eso incomoda a nuestro interlocutor haciendo que se impaciente o que nos hable de forma más agresiva. Mirar a la cara de vez en cuanto, hacer algún gesto de asentimiento, ayudará a que la otra persona esté más cómoda hablando con nosotros.

2.- Utilizar paráfrasis: La mejor manera de evitar malentendidos cuando nos están explicando algún tema, es repetir la información que nos han transmitido explicada con nuestras palabras, de esta manera, nuestro interlocutor podrá confirmar si lo hemos entendido bien o volver a explicarnos la parte que hemos entendido mal o que nos falta información.

3.- Hacer preguntas abiertas, invitando al interlocutor a seguir hablando: Las preguntas que puedes responder con un “si” o “no” son preguntas cerradas, no dan pie a una conversación y generan una atmosfera tensa de incomodidad, sin embargo, si podemos preguntar de forma que la otra persona pueda explicarse, facilitará el entendimiento. No es lo mismo ¿te apetece un café?, que preguntar, ¿Qué es lo que te gustaría para tomar?

4.- Dar retroalimentación positiva acerca de lo que se escucha: Es muy importante tener claro una cosa en comunicación y es que, incluso aunque nos den malas noticias, o nos hagan una crítica, o manifiesten un enfado o reprimenda, siempre es mucho mejor que nos lo digan a que se quede guardado en forma de rencor o no seamos conscientes de algo que estemos haciendo mal o bien. Así que, independientemente de lo que nos digan, es una suerte que lo estén hablando con nosotros, nos permitirá conocerlo y poner los medios para solucionarlo o aclararlo.

Cuando el otro ha terminado de hablar, expresar las propias opiniones y vivencias siguiendo las normas “A”.