“Ser responsable significa ser selectivo, ir eligiendo”

Viktor E. Frankl

 

Estamos a punto de empezar unas de las fechas más señaladas del año, cargadas de muchísima emoción, a veces emociones buenas, de cariño, optimismo, amor y compañía, otras tantas veces, estas mismas fechas para muchas personas significa soledad, tristeza, perdida, de una forma u otra, la Navidad no deja indiferente a nadie.

Este año, se le suma unas circunstancias excepcionales, la pandemia del COVID-19 ha puesto en jaque todas nuestras expectativas, tenemos que repensar como organizarnos en estas señaladas fechas.

Pero en la reflexión de este mes no quiero señalar las múltiples razones que desde los medios de comunicación nos bombardean diariamente, no quiero hablaros de cumplir las normas, de contar comensales, o a qué hora tenemos que despedirnos, para evitar un incómodo encuentro con las fuerzas del orden público. Hoy os quiero hablar de la responsabilidad personal, que, afortunadamente, está mucho más allá de las normas que pueda dictar un código penal o cualquier normativa en particular.

La responsabilidad es inherente al ser humano, y, por tanto, no quedamos exenta de ella porque una norma nos dé “permiso” para actuar de esta o de aquella manera. Por ejemplo, si una persona que pertenece a un grupo de riesgo debe reflexionar sobre la mejor manera de responder ante las circunstancias que la vida la pone delante, ser responsable es mucho más que cumplir las normas.

La responsabilidad de cada persona responde a una doble dimensión, la primera (la más conocida), es la dimensión “hacia afuera” (¿Quiénes son los otros? ¿qué puedo o no puedo hacer ante los demás o por los demás?), pero hay otra dimensión igual de importante en nuestra responsabilidad que es la que responde ante nosotros mismos, “hacia adentro” (¿Quién soy? ¿cómo debo actuar?) que es independiente de que los demás lo puedan ver o conocer.

En un colectivo como el nuestro, que pertenece a los grupos de riesgo, hay que ser muy consciente de nuestra responsabilidad hacia los demás (ser respetuoso con las personas que nos cuidan, desde todo el personal sanitario, hasta nuestros seres queridos), pero de igual manera, ser muy conscientes de nuestra responsabilidad hacia nosotros mismos (asumir los cuidados que más nos benefician independientemente de que me lo pidan o recomienden lo demás, o de que puedan “pillarme” o no). Cualquier decisión buena que tomemos, lo es independientemente de cuanta gente lo sepa.

En estas fechas, paraos a reflexionar las mejores maneras en que podéis cuidaros, tanto en torno a la enfermedad renal, como al riesgo al que todos estamos expuestos de la pandemia. Todos los cuidados que os procuréis, sabed, que redundan en beneficio no solo de vosotros mismos, sino de todos los demás, de la misma manera que las ondas que provoca una piedra al golpear el agua de un lago, llegan a alcanzar toda la superficie de este.