Nuestras vidas cambiaron de forma abrupta, teniendo que permanecer en nuestros hogares para frenar la expansión de la pandemia. Esta situación ha requerido de una rápida adaptación en muchas facetas: cambiar nuestra rutina, teletrabajar, compartir el tiempo con las parejas e hijos, vivir solos, dejar de visitar a nuestros seres queridos y un sinfín de cosas.

De manera gradual parece que vayamos recuperando nuestras rutinas, pero ¿es posible que estemos a gusto en nuestras casas y tengamos miedo de salir? Nos hemos adaptado a la situación tan bien, que ahora pensamos: con lo bien que estoy ¿para qué voy a salir? ¿para qué me voy a exponer?

Durante estos meses, el estado de ánimo, los pensamientos y las emociones se ven afectadas. Surge el temor a salir a la calle, pues lo consideramos como un espacio no seguro. De hecho ahora es nuestro hogar el único sitio donde nos sentimos a salvo, donde podemos controlar todas las variables. Entra dentro de lo normal experimentar esta emoción de temor y es muy importante validar lo que sentimos, pues el miedo no es malo, siempre que no nos bloquee. El miedo nos servirá para detectar amenazas y establecer límites de seguridad, lo que resulta bastante útil en este tipo de circunstancias.

Esta emoción ha sido alimentada por diversas causas, como la hiperinformación a la que hemos estado expuestos y la amenaza que ha supuesto y supone el virus para toda la población. Además la información ha estado presente durante mucho tiempo, pues de manera diaria hemos visto o escuchado noticias, siendo conscientes de la gravedad de la situación tanto por el número de contagiados como por el de fallecidos.

El miedo puede surgir cuando no nos vemos capaces de afrontar una situación o vemos que no tenemos recursos. En este caso particular, los recursos de los que disponemos son, entre otros, el distanciamiento social, el uso de mascarillas, el lavado frecuente de manos, el cumplimientos de las franjas horarias… pero claro, por mucho que nosotros hagamos, la actitud de las otras personas no depende de nosotros. En cuanto percibimos que un porcentaje de personas no cumplen con las normas, el primer pensamiento que nos asalta la cabeza es el posible rebrote.

Entonces ¿qué hacemos si vemos cosas que se nos escapan de nuestro control? Muchas personas están optando por quedarse en casa, pero esa no es la solución. Digamos que eso es una conducta de evitación e inmediatamente después de realizarla (quedarnos en casa) sentimos la sensación de tranquilidad, pues nos hemos quitado de encima el aquello que nos genera estrés.
Tenemos que aprender a vivir con la incertidumbre, aceptar que hay una parte controlable y otra que no podemos controlar. Por eso no podemos quedarnos en casa esperando a tenerlo todo bajo control, porque eso no es posible, siempre habrá algo que no dependa de nosotros. La única manera es enfrentarnos a nuestros miedos de una manera responsable. Se puede realizar de manera gradual y paulatinamente incorporarse a lo que era nuestra vida cotidiana, Tenemos que focalizar la atención, y observar a aquellas personas que cumplen las normas, que respetan las distancias, que usan mascarillas… todo esto nos aportará sensación de seguridad.