“Las decisiones, no las condiciones, determinan quiénes somos”

Viktor E. Frankl

Es curioso como hay ocasiones en la vida en que sentimos que las circunstancias nos superan, que parece que existe una conspiración cósmica dedicada a jornada completa a desbaratar y desilusionar cada proyecto o empresa que iniciamos. Es en estos momentos cuando empezamos a dudar, cuando la suspicacia nos visita y nos dejamos llevar por la seductora idea que no podemos hacer nada por cambiar lo que nos pasa, sentimos que nuestro destino está sellado y somos seres abocados a vagar sin timón, sin que nada de lo que hagamos haga mella en un camino determinado por el capricho de las corrientes vitales. Familia, amistades, salud, trabajo… todo es externo a nosotros y nos doblega a su voluntad.

También es curioso, como en las cercanías de las fiestas navideñas, conforme nos acercamos al cambio de año, una parte de nosotros, que pasa la mayoría del año adormecida y olvidada, comienza a aguijonearnos. Sentimos una cierta energía, como un dinamismo que empieza a influirnos, una especie de sensación intuitiva. De pronto, la expectativa de iniciar un año nuevo, el encontrarnos frente a un cambio tan radical que cierra el pasado y nos propone un nuevo futuro, nos espolea a hacer examen de conciencia.

Esta revisión acaba por llevarnos irremediablemente a generar un sinfín de propósitos de año nuevo, pero si analizamos un poco la esencia de estos propósitos de repente nos descubrimos ante un planteamiento radicalmente distinto a esa cierta apatía existencial, que nos ha ido haciendo mella durante el año. Y es que, de forma intuitiva, activamos recursos que nos recuerdan “la última de las libertades humanas”, ese bastión inexpugnable de nuestro ser más profundo: la libertad de elegir nuestra actitud frente a las circunstancias.

Los propósitos de año nuevo, nos sacuden esa inercia de pasividad, de complacencia ante lo que nos sucede y nos recuerda que hay otra forma de encontrarnos con la vida. Aceptamos que puede ser un año duro, que habrá retos, que habrá dificultades y que tenemos limitaciones y debilidades, pero a pesar de ello, también recordamos que tenemos un espíritu inconformista y que nosotros, como actores principales de nuestra propia vida, podemos decidir cómo enfrentarnos a ello; podemos elegir, y elegimos esforzarnos, elegimos cambiar, elegimos no dejar que las circunstancias elijan. Activamos un sano espíritu de superación. Lo que semanas atrás eran montañas demasiado altas y peligrosas, ahora son atractivos retos que nos incitan a descubrir en ellos nuevos y bellos paisajes, incluso a pesar del dolor que supone realizar este esfuerzo.

El destino parece desdibujarse y la vida empieza a convertirse en un lugar lleno de oportunidades, las dificultades se convierten en retos donde nos ponemos a prueba, y entendemos perfectamente que, con todos nuestros condicionantes, seguimos siendo libres.

Espero que, en este nuevo año, este espíritu de superación, de reconocimiento de nuestra capacidad de elegir y por tanto de ser realmente dueños de nosotros, no se acabe diluyendo y olvidemos los extraordinarios seres que somos.