Las personas somos principalmente sociales, más allá de la razón, de las emociones, de los sueños, esperanzas y anhelos: soy porque somos.

Robinson Crusoe necesito a su Viernes, igual que Tom Hanks en la película de náufrago tuvo que inventarse a Wilson, pues sin el otro, nuestras referencias de identidad se desdibujan.

Y es que, si lo pensáis bien, existimos cada uno de nosotros porque previamente, dos han estado juntos, el ser humano existe porque existe la sociedad.

Estas largas semanas de confinamiento nos han obligado a aislarnos de los demás, nos han generado miedo al contacto, nos han enseñado a separarnos y todo un grupo de medidas de seguridad que incluyen barreras físicas con las otras personas.

No me entendáis mal, esta separación es necesaria, y el miedo que tenemos es razonable y protector, pero una separación física de los demás no significa que tengamos que distanciarnos de ellos, las muestras de cariño, la preocupación por los otros, la presencia, se puede manifestar de muchísimas más formas que con un beso o con un abrazo, usemos nuestra imaginación, compartamos con nuestros seres queridos nuestras inquietudes, ideas, deseos.

Podemos usar las nuevas tecnologías, aprovechar los móviles, las videoconferencias, pero aquí viene la propuesta de la semana: rescatemos antiguos medios de comunicación, escribamos cartas con nuestro puño y letra, enviémoslas a la dirección postal de los nuestros, usemos los buzones, esos antiguos centinelas, ahora ya casi anacrónicos.

El correo últimamente solo nos trae facturas de bancos y compañías de telecomunicación, pero ¿Recordáis como os sentisteis la última vez que recibimos una carta personal? Un sobre con tu nombre escrito a mano, y tu dirección. De repente, un mar de posibilidades se abría, tenías ganas de abrir cuanto antes la carta, y leías con interés cada palabra que te dirigían, contándote una historia, una emoción, una reflexión.

Compartir nuestros miedos, alegrías y tristezas, nuestros deseos e inquietudes, nos ayudará a vivir de manera más sosegada y tranquila estos tiempos difíciles, e invitar a nuestros seres queridos a hacer lo mismo los ayudará a ellos, hagamos una cadena de apoyos, de compartir y acoger que nos ayude a sanar no como individuos sino como comunidad.