“Los que se enzarzan en una competencia de agresividad pierden su razón y, lo que es más evidente, su fuerza. El que está seguro de algo no tiene que levantar la voz ni exaltarse.” (Julián Marías)

Tras visitas a los habitantes de la orilla pasiva, esta semana os invitamos a acompañarnos a visitar a los habitantes de la orilla agresiva.

Las personas que viven en el lado agresivo anteponen sus derechos a los de los demás, sin importarles si tienen que pisotearlos: todo vale con tal de que nadie se aproveche de ellos.

Los de habitantes del lado agresivo creen que la vida es una jungla, o comes o te comen, viven en una constante competición o “guerra”, no se pueden permitir dudar o ser amables, pues cualquiera puede estar aprovechándose de ellos.

Cuando una persona se comporta como un habitante de la orilla agresiva a veces se encuentra en situaciones como estas:

  • Llevo muchos días cansada, pero si me ofrecen ayuda mejor les digo que estoy bien y que no necesito nada, por dentro pienso “Si me muestro débil no me valorarán, mejor negarles la ayuda que me dan y así demostraré que soy fuerte y válida”.
  • Me quieren quitar el carnet de conducir, pero les grito que estoy perfectamente y que no pueden decidir por mí, por dentro pienso: “nadie me va a quitar mi derecho a conducir, me da igual la razón o intención de mis seres queridos”.
  • Con 40 años me han dado una pensión debido a mi enfermedad, no permito que nadie me pregunte sobre cómo estoy o de qué vivo, soy cortante cuando la conversación me incomoda y les paro los pies, por dentro pienso: “Si supieran mi situación seguro que les daría pena y no debo dar pena a nadie, es mejor que no me conozcan a ser compadecida”.
  • He ido al médico y le he dicho que es un inútil, me encuentro peor así que no debe ser un buen profesional y debe ser culpa suya, además, tarda muchísimo en atenderme así que lo primero al entrar es leerla la cartilla por lo mal que funciona el servicio.

Cuando alguien de nuestro colectivo empieza a vivir las circunstancias de su vida en estos términos (ganar-perder), no soporta que le ofrezcan ayuda o se encuentra en situaciones en que se ve claramente las limitaciones de la enfermedad renal, va construyendo una armadura a base de controlar sus emociones delante de los demás, de no permitir que le pregunten por la enfermedad, aunque eso supongan violentar a los demás, porque es más importante proteger lo que se piensa que relacionarse con los demás.

Las personas que viven en la orilla agresiva, suelen sentir ansiedad, sensación de incomprensión y soledad, honestidad emocional (expresan lo que sienten y “no engañan a nadie”), enfados cada vez más constantes y que afectan cada vez a más gente.

Si te identificas con algunas de estas circunstancias, no te preocupes, todos en algún momento hemos sido habitantes de la orilla agresiva, podemos sacar lo mejor de esta orilla y aprender de los habitantes del puente, pero eso, lo dejaremos para la próxima semana.