Vivimos unos días donde nos sentimos atrapados, tanto literal, como figuradamente, y digo figuradamente porque existen dos carceleros especiales que, si nos descuidamos, se encargarán de encerrarnos irremediablemente: son el carcelero pasado y el carcelero futuro.

Son unos carceleros muy especiales, porque poseen tanta fuerza como la que les otorgamos, pues por si mismos ¡no existen! Para poder entender mejor su poder, os propongo un pequeño ejercicio de imaginación.

Poneos a pensar en algún día donde alguien, os haya dado dinero, pueden ser unas pocas monedas o un montón de billetes, recordad el momento, la persona, la cantidad de dinero, y ahora miraos las manos ¿está el dinero ahí?, curiosamente no está, pues el dinero que recordamos no se materializa en el presente, sólo lo tenemos en la memoria. Entonces… ¿Por qué cuando recordamos un suceso donde sufrimos, ouna emoción negativa, sufrimos como si estuviera pasando ahora?

Si hiciéramos el ejercicio con el futuro, ¡nos pasaría lo mismo!, En estos días de confinamiento, donde no paramos de ver noticias que alientan nuestro miedo, tenemos que empezar a distinguir aquellos pensamientos que nos ayudan a cuidarnos, protegiéndonos a nosotros y protegiendo a los que están a nuestro alrededor, de los que alimentan un sufrimiento innecesario. El carcelero del pasado nos recordará cuando podíamos salir, reunirnos con nuestros seres queridos, y nos dice que hemos perdido libertad, nos sumerge en un estado de tristeza, que no nos permite actuar, nos dice que no podemos hacer nada, y no hacemos nada, cuando, si nos centramos en el único sitio donde tenemos posibilidad de acción, empiezan a aparecer un montón de oportunidades: El presente. En el ahora, en el aquí, podemos llamar a esa persona que estamos echando de menos, ver, y hablar (de verdad) con ella, y no sufrir por no estar cenando en un restaurante con ella, podemos ayudar a alguien de casa en lo que esté haciendo, podemos revisar y ordenar ese armario que siempre queda relegado a otro día y todo eso ¡lo podemos hacer de verdad!

El otro carcelero que intenta atraparnos es el futuro, usa las mismas estrategias que su hermano el pasado, te atrae a escenarios que no han sucedido, donde no puedes cambiar las cosas, pero ya conocemos el mejor antídoto para enfrentarse a estos dos carceleros: el presente, recordándonos a nosotros mismos que aquí y ahora es cuando puedo hacer algo, no hace 3 semanas, ni dentro de 2 días, sino ahora mismo.

Y, sin embargo, a pesar de que muchas veces tenemos identificados a estos dos carceleros, siguen haciendo de las suyas y antes de darnos cuenta, nos tienen atrapados en sus ensoñaciones. Os propongo un pequeño truco, para comprobar si nuestra mente ha saltado hacia el pasado o hacia el futuro: hay una parte de nosotros, que es imposible que sea atrapada por los carceleros, y es nuestro cuerpo. Nuestra mente, nuestras emociones, nuestros anhelos o fantasías, fácilmente se pueden deslizar del saludable presente, a escenarios pasados o futuros, pero tu cuerpo no se puede someter a estas ilusiones, pues sólo vive en el presente. Si recuerdas un golpe que te diste hace años, en un dedo, por ejemplo, ahora ese dedo no te dolerá, no puede, porque ese dolor es pasado y no existe en el presente, de igual manera, ¡no te puede dolor la cabeza la semana que viene!, ni puedes tener el hambre de pasado mañana, si tienes hambre, tu cuerpo de lo dirá y será un hambre presente.

Por tanto, de vez en cuando, durante el día, detente durante unos segundos, toma aire, con calma y tranquilidad, y revisa como se encuentra tu cuerpo, haz un breve escaneo corporal, observa y revisa que sensaciones tienes en los pies, las pantorrillas, los muslos, glúteos, espalda, hombros, brazos, pecho, cuello y finalmente cabeza. Eso que estas sintiendo, las sensaciones de tu cuerpo son puro presente, y desde ese estado, centrado en el presente, pregúntate si lo que estabas pensando antes estaba ocurriendo ahora o en otro momento, y si ahora puedes hacer algo con ello. Si la respuesta es que sí puedes hacer algo, ¡magnífico! manos a la obra, pero si es producto del carcelero del pasado o el carcelero del futuro, ya sabes que es una ilusión y que vale mucho más la pena seguir en el presente.