Cogito ergo sum (René Descartes)

Las ideas no son más que ideas. Supongo que os preguntareis por qué empiezo con una perogrullada tan obvia, pero es que esto, que parece tan claro así, visto por escrito, en nuestro día a día, se empieza a complicar.

Las ideas, los pensamientos, son como un mapa de carretera, nos ayudan a organizar, a planificar y a conocer el terreno por adelantado, pero hay una cosa muy importante, y es que el mapa no es la carretera, es decir, que por muy bien cartografiada que esté una carretera, el papel, el mapa, no puede sustituir al camino; no puede recoger ni expresar toda la realidad que se esconde en cada curva, imperfección del terreno, olor, temperatura, color que vamos captando al recorrer nuestro camino. Saberse de memoria las calles de Toledo, nunca podrá sustituir recorrerlas. Esto que para las cosas buenas de la vida es algo muy importante, pues nos ayuda a darnos cuenta que es mucho más valioso experimentar las cosas que dejarlas en el pensamiento, para las partes difíciles de nuestra vida se puede aplicar exactamente igual. A veces, nuestro “mapa mental”, nuestras ideas, nuestros pensamientos, se construyen alrededor de unas creencias y unas expectativas, que nos meten en más problemas que soluciones. Pero no voy a explicar más, mejor pongo un ejemplo:

  • Paco es paciente renal, se encuentra en ERCA y tiene una revisión al año para vigilar su evolución. Dentro de una semana es su próxima visita a Nefrología, pero desde hace dos o tres semanas se siente más cansado de lo normal. Desde que se ha dado cuenta de este cambio, no para de observarse y estar atento a todo lo que siente, y tiene la sensación de un malestar general. Cuando se pone a pensar en que en una semana tiene que ver al médico, empieza a imaginarse que le va a decir que su salud se ha deteriorado tanto que tiene que entrar en hemodiálisis; se ve en la consulta escuchando que todo se ha acabado y que ya no hay vuelta atrás. Curiosamente (él no se da cuenta) pero cuando más piensa eso, su sensación de malestar aumenta, y cuando se da cuenta que el corazón se le acelera y que se está poniendo nervioso, achaca esta sensación a ese cansancio que lleva semanas sintiendo, por lo que aún se preocupa más. Por momentos, a Paco solo le apetece cancelar la cita, y se lo está pensando seriamente.

Este es un claro ejemplo de cómo a través de nuestros pensamientos e ideas nos anticipamos a la realidad y creamos unas expectativas que, en el caso de Paco, solo le generan sufrimiento.

¿Qué podemos hacer al respecto?: lo primero es reconocer que pensar algo no lo convierte en realidad. Si así fuera, os invito a cada uno de vosotros a imaginaros con 100 millones de euros en vuestra cuenta bancaria, de ser verdad que por pensar algo esto sucede, todos seríamos millonarios, pero lamentablemente (en este ejemplo) la realidad es independiente de nuestros pensamientos; de la misma manera, aunque Paco piense que está peor y va a entrar en diálisis, no lo convierte en realidad.

La segunda cosa que podemos hacer es esperar a contrastar lo que pensamos con la realidad y, solo a partir de ese momento, empezar a tomar decisiones. Paco, en este caso, tiene que darse cuenta que por muchas vueltas que le dé, hasta el día que vaya al médico y le diga cómo se encuentran sus analíticas, no puede tomar ninguna decisión útil. Solo con los resultados y la valoración del médico, es cuando de verdad podrá empezar a tomar decisiones. Es muy posible que Paco haya dormido mal algún día, o lleve unos días de estrés y por eso se sienta más cansado; todo lo demás, su interpretación y los miedos que surgen de sus pensamientos, solo le están haciendo pasar una semana horrible.

Recordad, el mapa nunca es la carretera.