A nadie nos gusta el dolor, pero ¡ay que suerte que tengamos dolor!

No penséis queme estoy engañando: el dolor es desagradable y si está en nuestras manos, hay que poner todos los medios para evitarlo. Pero es gracias a él que tenemos tanto cuidado en cuidarnos, es nuestro principal mensajero de que algo está yendo mal y su mensaje no es otro que: ¡necesitas cambiar!

Existe un trastorno llamado síndrome de Riley-Day o también llamadoDisautonomía familiar, en el que la persona que lo sufre tiene tanafectadas las funciones de los nervios que no son capaces de sentir dolor alguno. Es curioso que a esta afección se le llame disautonomía, pero es muy esclarecedor, pues la ausencia de dolor resta autonomía a la persona, aunque en un principio parezca lo contrario. Es precisamente el dolor, al sentirlo, o al preverlo, el que nos permite tomar decisiones en nuestro beneficio y salud. Las personas con el síndrome de Riley-Day, no se dan cuenta si están sentados en una mala postura, con la consecuencia de que sus articulaciones acaban deteriorándose mucho, o si se están quemando, para poder retirar a tiempo una mano o alguna parte del cuerpo. Pueden provocarse una grave hemorragia si al comer se muerden la lengua, porque no se dan cuenta, o incluso morir por una simple apendicitis, pues si no hay dolor, ¿Quién les avisa de que algo está mal en su cuerpo?

El dolor es el mensajero que nos avisa que algo tiene que cambiar, ya sea una postura, ya sea revisarnos por una herida que hemos recibido, o porque un órgano no está funcionando correctamente, es la razón por la que vamos al médico, y por la que nos cuidamos.

Reducir el dolor y evitarlo (cuando sea posible) es una parte fundamental de la motivación para nuestro autocuidado.

Con las emociones negativas pasa exactamente lo mismo, tendemos a querer que desaparezcan, a evitarlas, a negarlas para que no nos molesten, a hacer “como que no están”, porque solo las valoramos como algo que no nos aporta nada, pero son como el dolor.

Las emociones negativas son la parte desagradable de un mensaje saludable, es el aviso de que algo hay que cambiar, son las mensajeras que nos dan la oportunidad de cuidarnos.

¿Cómo podemos relacionarnos con nuestras emociones negativas sin intentar evitarlas?

En esta reflexión os propongo una manera de empezar a cambiar la relación con nuestro mundo emocional, algo tan sencillo como potente: “ex-presemos” (literalmente: dejemos de tener preso) esas emociones. Permitamos que nos den el mensaje con el que han venido a nosotros.

Hay muchas formas de “expresar” las emociones: Pintado, escribiendo, compartiéndola con alguien en una íntima conversación, componiendo una canción, haciendo una manualidad, meditando, cantando… da rienda suelta a tu imaginación, pero siempre dándole una oportunidad a esa emoción tan difícil de sentir, veras como si la dejas expresarse algo cambiara a mejor.

Para terminar, me gustaría compartir con todas vosotras y vosotros una poesía de Rumi. Una poesía que recoge de forma muy bella la mejor forma de relacionarnos con nuestro mundo emocional:

La casa de huéspedes:

El ser humano es una casa de huéspedes.

Cada mañana un nuevo recién llegado.

Una alegría, una tristeza, una maldad

cierta conciencia momentánea llega

como un visitante inesperado.

¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos!

Incluso si fueran una muchedumbre de lamentos,

que vacían tu casa con violencia.

Aun así, trata a cada huésped con honor

puede estar creándote el espacio

para un nuevo deleite.

Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia,

recíbelos en la puerta riendo

e invítalos a entrar.

Sé agradecido con quien quiera que venga

porque cada uno ha sido enviado

Como un guía del más allá.