Etimológicamente, “hemo” es una palabra griega que significa sangre y “diálisis” significa proceso de filtración, por lo tanto el término hemodiálisis no es más que un proceso de filtrado de la sangre.

La hemodiálisis, fue el primer sistema que se ideó para sustituir la función de los riñones allá por el año 1943 gracias a Kolff (médico holandés que diseñó el primer riñón artificial), siendo hoy en día la técnica más frecuente de inicio en todo el mundo en el tratamiento de pacientes con enfermedad renal crónica (ERC). Se utiliza como tratamiento crónico, alternativo a la diálisis peritoneal y, en ocasiones, previo al trasplante renal.

Se calcula que casi un millón de personas en todo el mundo, y más de 48000 en España, están incluidas en programas de hemodiálisis periódica. Es conveniente recordar que en la mayor parte de los países del Tercer Mundo no existe este costoso tratamiento por la carencia absoluta que tienen de Servicios Sanitarios.

Grosso modo, la hemodiálisis es un procedimiento mediante el cual la sangre se conduce por medio de unas líneas desde el cuerpo hasta una máquina, llamada también “riñón artificial” o monitor, en la que después de atravesar un filtro de limpieza (membrana artificial o dializador) que permite recoger las sustancias tóxicas de la sangre y aportar otras beneficiosas, es reenviada de nuevo al cuerpo.

En cada sesión, los profesionales de Enfermería son los encargados de conectar al paciente al riñón artificial para que éste realice su función.

 

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