Esta semana continuamos profundizando en los distintos aspectos que influyen en la comunicación, sabiendo que, un mejor conocimiento y utilización del lenguaje verbal (y el no verbal) nos ayudará a desarrollar mejores relaciones interpersonales e intrapersonales, es decir, cuanto mejor exprese mi mundo interior, tanto mejor me sentiré conmigo mismo, y a la vez, favoreceré una mejor relación con los demás.

Hoy queremos centrar la atención en los distintos estilos de comunicación que tenemos a la hora de comunicarnos, en sucesivas entregas, profundizaremos y analizaremos cada uno de ellos, para reconocerlos fácilmente y corregir lo que nos esté generando más problemas que soluciones.

Todas las personas tenemos nuestros derechos, más allá de su reconocimiento (o ausencia de él) en una determinada ley. Por ejemplo, nadie nos puedo obligar a subirnos en un coche cualquiera de la calle, eso sería un secuestro. En comunicación, la expresión de nuestros deseos, intereses, anhelos, miedos también esta protegidos por distintos derechos. Tenemos nuestros derechos a pensar libremente, a expresarnos y a ser respetados por ello.

La forma en que nos relacionamos con esos derechos se puede clasificar entre dos orillas y entre esas dos orillas nos movemos todos:

Una de esas orillas la vamos a llamar la orilla pasiva, la llamamos así porque cuando actuamos de forma pasiva estamos anteponiendo los derechos de los demás a los nuestros propios. Cuando hay un conflicto entre lo que yo deseo o quiero y lo que desea o quiere la persona que tengo delante, acabo cediendo y priorizando a los demás. Por ejemplo, tengo una duda que me ha surgido durante una consulta médica, y cuando mi médico acaba de hablar, le indico con mi lenguaje no verbal (ya lo vimos la semana pasada) que querría preguntarle algo. El médico, pone cara de circunstancias, coge aire y muestra que está muy ocupado (puede que mire su reloj) y que no tiene mucho tiempo. En ese momento, pienso: “el doctor no tiene tiempo, mi pregunta es una tontería que ya debería saber o no es importante, mejor no lo molesto”. Conclusión, salgo de la consulta con una sensación de malestar y una duda interior que me hace sentir mal durante todo el día.

A la otra orilla la podríamos llamar la orilla agresiva, en este lado, anteponemos nuestros derechos a los de los demás, pase lo que pase y caiga quien caiga. Las personas que actúan así piensan que antes de que los demás se aprovechen de ellos, es mejor pedir y exigir, para no ser ninguneadas, ceder ante alguien es perder. Este tipo de comportamiento agresivo incluye tono de voz alto, preguntas indiscretas, insistencia y manipulación arrinconando a la otra persona para que hagan o se plieguen a las peticiones que se le hacemos.

Afortunadamente nadie se comporta de forma totalmente pasiva o totalmente agresiva, pero sí que son estilos de comunicación que usamos en nuestras relaciones del día a día. La forma ideal de comunicarse esta en el puente que existe entre ambas orillas, es decir, siendo respetuosos y considerados con los derechos de los demás (como pasa en la orilla pasiva), pero a la vez, reivindicando y protegiendo mis propios derechos para no ser ninguneado (como pasa desde la orilla agresiva), a ese puente lo llamamos asertividad.

Os invitamos a que estéis atentos a la próxima entrada del Blog donde profundizaremos sobre estas tres posturas de comunicación, y donde daremos claves y trucos para identificar y mejorar nuestra comunicación.