Estos días de incertidumbre, de confinamiento, de fases, no quieren decir que son días perdidos o estériles, estamos teniendo una oportunidad única para adentrarnos en nuestro mundo interior.

Una vez definidas nuestras necesidades y deseos, ¿cómo podemos conseguirlo?: tenemos que entrar en acción.

Cuando nos enfrentamos a esta empresa, tendemos a hacer planes en bloque… me explico, nos imaginamos el resultado final, lo vemos como un todo y al hacerlo así, pasar del 0 al 100 se convierte en un salto inalcanzable, la propia obra que nos hemos encomendado tras la escucha de uno mismo, se nos plantea como imposible, porque está demasiado lejos o porque con los recursos actuales no sabemos hacerla.

Para esa situación, os propongo otra forma de encararlo: la atomización. Atomizar significa literalmente, dividir las tareas en partes más sencillas. Por ejemplo: Acabo de darme cuenta que he ido abandonando el orden y limpieza de casa estas semanas, al tomar conciencia se que quiero hacer: me imagino la casa totalmente ordenada y limpia, y eso me hace sentir en armonía, pero entonces abro lo ojos… y veo la realidad, me desanima de tal manera, me veo tantas horas y esfuerzo que no alcanzo a imaginar que pueda acabarlo nunca. Así que el desánimo me embarga y me vuelvo a conectar al móvil o a la tele, para intentar distraerme de mi malestar. A cortísimo plazo, consigo relajarme y distraerme (al menos en la superficie), a medio y largo plazo, estoy abonando un creciente malestar y desánimo alimentado por una casa que seguirá igual, o peor, de desordenada la próxima vez que me quiera enfrentar a ella.

Ahora sé lo que quiero, y lo que es beneficioso para mi… pero no encuentro la manera de encararlo.

Pero… ¿y si en vez de ver toda la tarea, empiezo a dividirla en pequeños pasos, en pequeños éxitos y no concentro todo el éxito en el último punto? De repente, ya no veo mi casa como un todo, sino que cocina, salón, habitación, baño… son departamentos más fácilmente manejables: es posible que pueda ordenar toda la casa, pero guardar en los armarios toda la ropa de mi cuarto es cosa de 1 hora como mucho, o recoger todos los cacharros en la pila y despejar la encimera es cosa de 20 minutos.

Ahora ya tengo pequeños objetivos fácilmente alcanzables y que suman en la dirección de mi primer plan más ambicioso, puede que no termine de ordenar la casa hoy, pero he conseguido avanzar en el objetivo, puede que, tras mi pequeño esfuerzo, encuentro otra pequeña tarea también fácil y asequible para hoy mismo.

Como plasma de forma magistral el filósofo Lao-Tse:

“Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”