La musicoterapia (tal y como es definida por la Federación Mundial de Musicoterapia) es la utilización de la música y/o de sus elementos musicales (sonido, ritmo, melodía y armonía) por un musicoterapeuta cualificado, con un paciente o grupo, en el proceso diseñado para facilitar y promover comunicación, relación, aprendizaje, movilización, expresión, organización y otros objetivos terapéuticos relevantes, con el fin de lograr cambios y satisfacer necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas.
El proyecto se basa en el uso de la canción y el canto grupal como herramientas musicoterapéuticas principales, con la finalidad de reducir la ansiedad y elevar el ánimo de pacientes en sesión de diálisis, así como fomentar el bienestar de pacientes trasplantados, familiares y profesionales en sesiones externas.

La música es un elemento presente en la cotidianidad de todas las personas; si hay algo que caracteriza al ser humano, dentro de su gran diversidad, es que somos seres musicales. Así mismo, cantar es la manera más sencilla y natural de hacer y experimentar la música. Todos crecemos con canciones, que nos acompañan desde la infancia hasta el final de nuestros días, y que se convierten, de algún modo, en la “banda sonora” de nuestra vida. De ahí que el trabajo con canciones (con las canciones de cada uno) sea una herramienta musicoterapéutica tan potente.

Hasta la fecha, existen diversas experiencias musicoterapéuticas llevadas a cabo con pacientes en hemodiálisis. Uno de los objetivos comunes en estas experiencias fue el de reducir la ansiedad de los mismos, ya que el proceso de la diálisis, especialmente en momentos como la conexión o la desconexión, suele ser un proceso ansiogénico. De esta manera, encontramos en varios estudios realizados (Gómez y Sanz, 2014; Salehi et al., 2016), como la intervención musicoterapéutica disminuía significativamente la ansiedad de los pacientes de diálisis.
También en el trabajo de Alegre y Bellver (2014) en el Hospital de Denia encontramos resultados parecidos, ya que ellas observaron una reducción en su tensión corporal, así como un aumento en su relajación y el bienestar. Estas autoras señalaron en sus resultados, cómo la musicoterapia facilitaba el control del dolor y malestar de los pacientes, y les permitía distraerse, además de generar un entorno normalizado (más humanizado) en la sala de hemodiálisis, más conectado a su vida diaria.

El modo de intervención en los diferentes trabajos fue diverso. Desde la intervención con audífonos y música editada (Salehi et al., 2016), hasta la música en directo en el trabajo de Alegre y Bellver (2014). En todos los casos, para que se trate de una intervención musicoterapéutica, se precisa de la presencia de un musicoterapeuta, ya que sin presencia terapéutica no hay terapia.

Nosotros particularmente creemos que la intervención con música en directo es mucho más adecuada, ya que el musicoterapeuta se muestra en ella como presencia sonante, lo que habilita la interacción del paciente también desde la música. El musicoterapeuta, con su voz y estructura rítmica y armónica, sostiene la participación del paciente, para que él se sienta seguro en ella, y pueda expresarse con libertad.

MUSICOTERAPIA EN LA SALA DE HEMODIÁLISIS: se realiza tratando de atender a las demandas y necesidades de cada usuario en cada momento. El musicoterapeuta “propone” canciones a través de su interpretación, abierto a la interacción con cada uno de los pacientes. Estas canciones son seleccionadas de entre las que más les gusten al grupo (ya que se realiza una entrevista previa con cada uno de ellos). El musicoterapeuta, de esta manera, se muestra presente y disponible, ajustándose a las necesidades y requerimientos de cada día y momento.
• Objetivos: reducir la ansiedad en la espera, conexión y desconexión, contrarrestar la aprensión y el miedo, y contribuir a normalizar y construir un ambiente más humano en la sala de hemodiálisis.
• Duración: la intervención se desarrolla a lo largo de seis semanas. En la primera semana se realizan las entrevistas individuales, para recoger las demandas y necesidades de los pacientes. En las cuatro siguientes se realiza la intervención propiamente dicha. Y la última semana se dedica al cierre del proceso.

MUSICOTERAPIA CON EL GRUPO EXTERNO: la herramienta principal con la que se trabaja en las sesiones es el canto grupal. Las canciones son recopiladas antes, a través de una ficha que se distribuye a cada usuario, y acaba constituyendo el cancionero del grupo. Las sesiones se inician con dinámicas de preparación de la voz y toma de consciencia de la misma (identificación con la propia voz). Después se realizan dinámicas de experimentación vocal. Por último, se proponen y se cantan las canciones a interpretar juntos en el grupo, canciones significativas para cada uno de participantes. Siempre se habilita un espacio abierto para compartir el significado particular de las mismas, o las emociones que surjan a partir de ellas.

• Objetivos: elevar el estado de ánimo y favorecer el bienestar, facilitar el contacto y expresión de las propias emociones, promover la comunicación y la relación con los otros, y favorecer la empatía y la unión del grupo.
• Duración: la intervención se realizará en un periodo de seis semanas. Durante las dos primeras se trabaja especialmente la liberación de la voz y la constitución de un espacio de confianza y seguridad. En las tres siguientes, el compartir y comunicación de emociones a través de las canciones. La última semana es para el cierre del proceso.